17 agosto 2009
01 agosto 2009
Guinness
El olor de los libreros, escritorios y libros en el Long Hall de Trinity College me transportó al magnifico escritorio y pequeña biblioteca de mi abuelo Papay. Sobre ese escritorio exploré las historias de la revolución de 1910 observado por un par de Atlantes de Tula en miniatura. Dibujé, aprendí sobre los animales, e hice tarea donde antes, en su despacho, Papay preparaba casos y defendía a los trabajadores morelenses. Mi Papay no pudo visitar Europa, por lo que para mi fue aun más especial ver el Libro de Kells.
El Libro de Kells está elaborado con un nivel de detalle sublime. A primera vista parece que algunas páginas están manchadas, pero al estudiarlas se revelan figuras y diseños sutiles. Es como cuando uno se acerca a un bosque y lentamente aprecia a los árboles y arbustos individuales. Me acordé mucho de los estilógrafos que usaba mi mejor amigo Raúl para darle detalle a sus dibujos.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)


