Hace dos años dejé de escribir en este blog. No fue intencional, simplemente sucedió, pero el blog empezó a morir desde antes, por ahí del 2011. En ese entonces estaba en un punto de mi vida donde comenzé a perder el contacto conmigo mismo. Mi situación de vida era cómoda y me inquietaba eso. Tenía que haber algo más. Por eso dejé mi novia, trabajo y departamento para entregarme al servicio público siendo maestro de escuela pública. Un sacrificio, de verdad. Al entregarme al 100% a mi programa de docencia, dejé de leer, de escuchar música, de crear arte como lo hacía antes. También puse a un lado mi amor hacia mis raíces indígenas. En fin, me abandoné poco a poco.
Empezó el abandono con posts que eran puramente visuales o copais de letras de canciones que me gustaban. Contenido original ya casi no hubo, es decir, tristemente, que algún pensamiento original que tuve en ese entonces no merecía la pena expresarse dado la falta de tiempo gracias al torbellino de clases, trabajos, mudanzas y noviazgos. Además, Facebook se prestaba para fácilmente compartir opiniones, ideas y artículos con una audiencia cautiva.
Borré la vieja dirección de Tlahtolli cuando aprendí acerca de la cooperación,
intencional o no, entre Google y la NSA. Más que nada fue un acto de
rebelión malpensado, pues el propósito de un blog es de compartirlo con el público. Pero el daño ya estaba hecho. Ya no le vi más propósito al blog. Lo respaldé y lo dejé. Están ahí dos años donde no aparece ningún post como prueba.
Recobró vida el blog cuando decidí darle un poco de mantenimiento, pues ahí andaba abandonado en el Internet, con un formato default en una dirección que ya ni recordaba. Se me había ocurrido devolverle su formato original sencillo para el año nuevo. Poco a poco, mirando el viejo código y editando el XML nuevo, algo en mi que pensé que estaba muerto volvió a nacer. Me di cuenta de cómo me hizo falta tener presencia en Internet a la antigüita. Está bien que todos estén en el feis en el tuíter o en el tombler, pero yo necesitaba a mi blog.
Es difícil de explicar, pero las redes sociales son como jardines cercados, mientras que el blog es como un parque público. Para mi gusto hay demasiada actividad en la red social que me altera, actividad que no ocurre con el blog. Si alguien lee y le gusta el blog, bien. Si no, tengo a nosecuántos amigos en Facebook que me darán al menos un like. Así que para propósitos de este blog, no hay necesidad de aprobación ajena. Se siente bien eso tanto en el ciber espacio como en la vida.
Así que, estamos de vuelta, querido lector.