Son tan egoístas esos morenitos. Se estiran inocentemente pero yo creo que se quieren lucir. Sin embargo, los perdono porque aquellos destellos de belleza no podrían ser consecuencias de un esfuerzo consciente. Mis ojos capitalistas los reprochan por ser flojos, pero simplemente son. Ahorita no hay por qué comer, por qué coger, por qué volar. Me dan envidia. Unos se me acercan osadamente a robarme mi comida que se me ha secado la noche anterior en el refrigerador. Otros caminan alrededor de las mesas de café, la gente ya acostumbrados a ellos. Los miro feo, les hago ¡chtt! y sacudo la mano y se van. Pero siguen.
Una niña tan osada como ellos, vestida de chaquiras con su tutú, botas de vaquero y casco de soldado los mira, sonríe y corre hacia ellos. Los espanta y mis morenos, mis morenitos toman vuelo y se van entre aleteos comunales.