Lo miró a través de esos ojos cafés majestuosos pero humildes, ojos llenos de amor y cómplices en travesuras que nunca acabaron en su niñez. Su mirada esperaba pacientemente el momento preciso para darle un consejo sabiendo bien que fácilmente lo podría rechazar. Nunca dejaba de doler el rechazo pero desde hace mucho había entendido que ella cumplía solamente con compartir su sabiduría. Ya el uso que le daban era cuestión de cada quien.